25 Jun 2026, Jue
Redacción

Luis Alberto De León Alcántara


Subir la voz en un mundo herido


  • Luis Alberto De León Alcántara | miércoles, 03 junio 2026

Con el correr del tiempo, sin darnos cuenta nos estamos acostumbrando al mal. Vivimos inmersos en un contexto histórico muy complejo y lleno de contradicciones. El siglo de mayor adelante científico, económico y tecnológico, es el más violento, en el que se cometen más fraudes y más atentandos contra la dignidad de la persona. De aquí que poca gente se queje de la situación social en la que vive. Pues, al parecer, la mejor solución para muchos es sufrir la cruda realidad y vivir resignados repitiendo la expresión ya gastada, “la vida es así y no se puede hacer nada al respecto”. 

Existe la sensación en ocasiones a nivel general que las personas en la actualidad solo tienen tiempo para trabajar y disfrutar del limitado ocio que la misma sociedad le brinda. Quizás esta sea una de las razones por la que el pesimismo, la dejadez y la falta de iniciativa en los jóvenes esté reducida a propuestas y acciones esporádicas, ideas que las lleva el viento en fracciones de minutos, y todo porque no tienen consis­tencia, por ser planes que se vuelven plane­tas.

Los apasionados al engaño, nos están robando la conciencia. Nos quitan lentamente el deseo de luchar y de pretender una patria y un país más justo y más humano para todos. De igual modo, a veces se piensa que los individuos están excesivamente cansados de pasar trabajo y de tener muchos tragos amargos en la existencia, llegando incluso a no tener ­espacio para reclamar sus derechos, para crear asociaciones con la finalidad de colocar la justicia donde realmente tiene que ir. Por eso, hoy nos estamos quedando sin líderes, sin defensores de la paz, de la justicia y de los derechos humanos. 

Nos encontramos en un siglo muy gelatinoso. En un tiempo difícil para la huma­nidad, donde el gran mal que nos invade es el relativismo moral. Esa postura carente de racionalidad, ya que sostiene que todo da igual, que todo da lo mismo. Cuando en realidad sabemos que esto no es así, ya que todas las cosas tienen su propia esencia y su razón de ser en el mundo, nada está al azar. 

Por tanto, no podemos colocar todas las cosas en un mismo sitio ni creer mucho menos que el orden de las realidades vividas en la cotidianidad puede ser cambia­do y modificado según el capricho y el deseo de cualquier ser humano, como si fuera nuestro pensamiento espontáneo lo que transforma nuestra circunstancia. No podemos continuar caminando hacia dónde nos están llevando: a ser esclavos del pensamiento de otros. Nos están mani­pulando con la tecnología, con el entrete­nimiento y con superficiales para que no levantemos la voz y estemos en todo ­momento anestesiado. Pero todos sabemos que el caos no es orden, que no nacimos para vivir humillados ni tampoco existen seres humanos más importantes que otros en ámbito de la dignidad humana. Por consiguiente, alcemos la voz, que no se puede vivir con miedo en una sociedad libre y de

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