- Redacción | lunes, 21 septiembre 2026
La cordillera Septentrional forma parte esencial del paisaje, la geografía y el patrimonio natural de la región del Cibao. Su presencia está estrechamente vinculada con los ecosistemas, las fuentes de agua, los suelos y la vida de numerosas comunidades asentadas en su entorno. Por ello, cualquier decisión que pueda alterar de manera significativa sus condiciones naturales debe ser examinada con la mayor responsabilidad.
En los últimos meses han resurgido voces de alerta ante la posibilidad de actividades mineras en esa cadena montañosa. Las preocupaciones expresadas por comunidades de la zona merecen ser escuchadas, particularmente cuando se relacionan con la preservación de los recursos naturales de los que depende su propia vida y actividad productiva.
El Gobierno ha reiterado que no existe actualmente un plan de explotación minera en la cordillera Septentrional y que las concesiones existentes corresponden a procesos de exploración, sin autorización para la extracción comercial de minerales. También ha señalado que cualquier eventual paso hacia la explotación tendría que someterse a nuevos procedimientos y a las correspondientes evaluaciones ambientales.
Ese pronunciamiento constituye un elemento importante de tranquilidad, pero la protección de una formación natural de tanta relevancia requiere políticas permanentes, controles efectivos y reglas claras que permitan prevenir daños antes de que estos ocurran.
La preocupación adquiere especial importancia frente a la extracción de materiales de construcción. No se trata únicamente de la minería metálica. La remoción de terrenos, la apertura de canteras, la alteración de la cobertura vegetal y la modificación del relieve pueden generar efectos sobre los suelos, el agua y los ecosistemas. El propio Ministerio de Medio Ambiente reconoce la función de los bosques en el mantenimiento de las fuentes acuíferas, la conservación de los suelos, la biodiversidad y la regulación climática.
En ese contexto, resulta razonable que las comunidades asentadas en la cordillera Septentrional sean escuchadas y que sus preocupaciones formen parte de cualquier proceso de decisión. La participación ciudadana no debe entenderse como un obstáculo al desarrollo, sino como un componente de una gestión responsable de los bienes naturales.
La región del Cibao necesita materiales para su crecimiento y desarrollo, pero también necesita agua, suelos productivos, bosques y ecosistemas capaces de sostener la vida y la economía. Conciliar desarrollo y protección ambiental exige identificar aquellos espacios cuya fragilidad o importancia ecológica aconseja establecer mayores niveles de protección.
La cordillera Septentrional es uno de esos espacios que merecen especial consideración. Su conservación debe asumirse como una responsabilidad de Estado y de toda la sociedad, con visión de largo plazo y más allá de las circunstancias del presente.
Proteger la cordillera Septentrional es proteger una parte fundamental del patrimonio natural del Cibao y preservar recursos indispensables para las generaciones actuales y futuras.

