- Redacción | 12:00 AM
La celebración de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas vuelve a colocar en el centro de la atención internacional la importancia del multilateralismo, precisamente cuando la cooperación entre los Estados enfrenta uno de sus períodos más complejos.
La Organización de las Naciones Unidas nació después de la Segunda Guerra Mundial con el propósito de crear un espacio permanente para el diálogo entre las naciones, promover la cooperación y contribuir a evitar que las diferencias desembocaran nuevamente en conflictos de alcance mundial. Ocho décadas después, aquel propósito conserva plena vigencia, aunque las condiciones del mundo hayan cambiado profundamente.
La agenda internacional de hoy incorpora guerras y conflictos prolongados, desigualdades, crisis climáticas, migraciones, transformaciones tecnológicas y un entorno informativo afectado por la desinformación. La propia ONU reconoce estas dificultades y ha colocado entre las prioridades de su actual período la renovación del multilateralismo y la reforma de la organización, con el objetivo de hacerla más eficaz, integrada y capaz de responder a las necesidades de los pueblos.
Las dificultades para alcanzar consensos en asuntos de tanta trascendencia pueden generar dudas sobre la capacidad de las instituciones internacionales. Sin embargo, esas mismas dificultades demuestran la necesidad de conservar y fortalecer los espacios de diálogo. Los problemas que enfrenta la humanidad trascienden las fronteras nacionales y difícilmente pueden ser resueltos mediante acciones aisladas.
El multilateralismo tampoco puede depender exclusivamente de la voluntad de las grandes potencias. Su legitimidad descansa en la participación de los Estados y en la posibilidad de que las diferencias sean discutidas dentro de instituciones comunes, sobre la base del respeto a la soberanía, el derecho internacional y la búsqueda de acuerdos.
En el ámbito hemisférico, la Organización de los Estados Americanos mantiene igualmente un espacio para la cooperación regional en materias como democracia, derechos humanos, seguridad y estabilidad. Su Asamblea General de 2026 colocó precisamente el multilateralismo en el centro de su agenda, junto con la defensa de la democracia y la seguridad hemisférica.
El desafío, por tanto, no consiste solamente en preservar las instituciones multilaterales, sino en renovarlas. Deben ser más eficaces, representativas, transparentes y capaces de convertir los acuerdos en resultados concretos. La confianza en ellas dependerá, en buena medida, de su capacidad para responder a los problemas que afectan a las sociedades.
Fortalecer el multilateralismo significa fortalecer la posibilidad de que los Estados encuentren soluciones mediante el diálogo antes de que las diferencias se conviertan en conflictos mayores. En un mundo cada vez más interdependiente, cooperar no es una opción secundaria: es una condición para construir respuestas comunes y preservar la paz.

