- Redacción | lunes, 14 septiembre 2026
El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), promovido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), constituye una herramienta para conocer el desempeño de los sistemas educativos. Cada tres años evalúa a estudiantes de alrededor de 15 años en tres áreas fundamentales: matemáticas, comprensión lectora y ciencias.
Más que comprobar cuánto contenido recuerdan los alumnos, PISA procura determinar si pueden aplicar sus conocimientos a situaciones de la vida real, comprender textos, resolver problemas, interpretar información y utilizar el razonamiento científico. Sus resultados permiten establecer comparaciones, identificar dificultades y orientar políticas públicas.
En PISA 2022, participaron estudiantes de numerosos países y economías, con diferencias importantes en sus desempeños. Singapur encabezó los resultados en las tres áreas evaluadas, mientras Japón, Corea, Estonia, Canadá y otros sistemas educativos se situaron entre los de mejor rendimiento. El promedio de la OCDE fue de 472 puntos en matemáticas, 476 en lectura y 485 en ciencias.
La República Dominicana participó con 6,868 estudiantes de 253 centros educativos. Aunque registró avances respecto de 2018 en las tres áreas, sus resultados permanecieron por debajo del promedio de la OCDE: 339 puntos en matemáticas, 351 en lectura y 360 en ciencias. Apenas el 8 % alcanzó el nivel básico de competencia en matemáticas; en lectura lo logró el 25 % y en ciencias, el 23 %.
Estas cifras merecen una consideración seria, sin descalificar a los estudiantes ni desconocer los esfuerzos de docentes, familias y autoridades. Una evaluación internacional no agota la realidad de un sistema educativo, pero sí ofrece señales que deben ser examinadas. Y una de ellas es que todavía son demasiados los jóvenes que llegan a esa edad sin dominar competencias esenciales para continuar aprendiendo y desenvolverse con autonomía.
Sin embargo, el desafío educativo del país no puede reducirse a mejorar una posición en una clasificación internacional. Los resultados de PISA deben servir como punto de partida para una pregunta más profunda: ¿Qué tan bien estamos preparando a nuestros niños y jóvenes para comprender el mundo, pensar críticamente, resolver problemas y participar de manera responsable en la sociedad?
La respuesta exige revisar métodos de enseñanza, fortalecer la formación docente, recuperar el valor de la lectura, mejorar el aprendizaje de las matemáticas y las ciencias, y atender las desigualdades que afectan las oportunidades educativas. También requiere evaluar con honestidad qué funciona, qué debe corregirse y cuáles políticas necesitan continuidad.
La educación no se transforma únicamente con mayores presupuestos, nuevas instalaciones o programas anunciados. Todo ello es necesario, pero debe traducirse en aprendizajes efectivos. El verdadero indicador del progreso educativo es que los estudiantes comprendan mejor, razonen con mayor autonomía y cuenten con las herramientas para construir su futuro.
PISA nos recuerda que el país tiene un desafío pendiente. Asumirlo con seriedad, continuidad y sentido de responsabilidad nacional es una tarea que no admite postergaciones.

