14 Abr 2026, Mar
Redacción

Rafael A. Escotto


El valor de la palabra: Construir puentes a través del periodismo honesto



«El lenguaje, la actitud, el tono, pueden ser decisivos y marcan la diferencia entre la comunicación que arruina la esperanza y la que crea puentes y abre puertas». Monseñor Andrés Amauri Rosario Henríquez.

Inicio este artículo, a propósito de la celebración del Día Nacional del ­Periodista, con una frase emblemática del periodista y diplomático estadounidense Henry Anatole Grunwald, nacido en Austria y quien llegó a ser director de la revista «Time», que definió la responsa­bilidad y el compromiso de la comunicación en los siguientes términos: «El periodismo nunca debe callar: esa es su mayor virtud y su mayor defecto.

Hoy se habla sobre el periodismo ­independiente como básico para proteger la transparencia y la libertad de información en cualquier sociedad democrática. Hace poco leí un ensayo titulado «Traición por omisión: Por qué callar la verdad es tan destructivo como mentir».

Dice la comunicadora social y escritora colombiana Valeria Castillo, que para tener una sociedad informada y crítica se necesita un periodismo independiente. Esta valiente periodista recomienda que «la tarea de los periodistas independientes es informar sin miedo a las consecuencias y permitir que la sociedad tenga una opinión libre e informada sobre los hechos que suceden a su alrededor».

En el trabajo aparece una explicación interesante que destaca lo siguiente: «Psico­lógicamente, el ser humano utiliza el silencio como un mecanismo de defensa para evitar el conflicto. Sin embargo, al ocultar lo que debe ser dicho, estás creando un “falso positivo” en la mente del otro. Es un hackeo de la realidad donde permites que el otro construya una casa sobre un terreno que tú sabes que está minado».

Más adelante, en el mismo trabajo, emerge una especie de respuesta a la ­preocupación de Grunwald sobre lo que él considera ser el mayor defecto del perio­dismo: «La integridad no se mide por lo que dices, sino por lo que tienes el valor de no ocultar. Una verdad dolorosa siempre será mejor que un silencio que traiciona».

Observemos esta otra explicación: «La traición por omisión es un fenómeno psico­legal y ético donde la falta de reve­la­ción de información crítica rompe la expectativa de lealtad en un vínculo». A diferencia de la mentira activa, la omisión utiliza el silencio como una herramienta de manipulación pasiva para evitar el conflicto, proteger intereses personales o salvar a alguien de una verdad dolorosa.

No es casual que el periodista, en su función de comunicador, se encuentre con el dilema de si debe recurrir al silencio para proteger lealtades, evitar represalias o revelar la dolorosa verdad. En esta encru­cijada, el periodista presiente que debe hablar, pero decide callar. Esta situación le crea un gran dilema y, a la vez, un estado interno de estrés.

La confianza de los lectores no se gana con titulares exagerados o información falsa, sino con rigor y compromiso con la realidad, aconseja Castillo. Enfatiza y reco­mienda igualmente la destacada perio­dista colombiana, que el periodismo auténtico es aquel que se compromete con la verdad, aunque pueda chocar con intereses particulares.

Hay una frase de Noam Chomsky, uno de los intelectuales estadounidenses más destacados en lingüística del siglo XX, que no puedo dejar de consignar en este trabajo: «A los periodistas les gusta pensar en sí mismos como defensores de las personas, investigadores que revelan cómo funcionan las cosas en realidad, que sacan los trapos sucios al sol, etc. Y, pese a ello, no informan de cosas como las que usted cuenta. ¿Qué sucede? En parte se trata sencillamente de una interna­lización de los valores».

El papel del periodista en la sociedad es fundamental para garantizar la transpa­rencia, el acceso a la información y la defen­sa de los derechos ciudadanos. Por eso, su compromiso ético no solo implica buscar la verdad, sino también asumir el riesgo que muchas veces conlleva denunciar situaciones injustas o abusos de poder.

Cuando un periodista decide guardar silencio ante hechos relevantes no solo está fallando a su profesión, sino que también contribuye a perpetuar la impu­nidad y la desinformación. El silencio puede interpretarse como una forma de complicidad, una traición a los valores fundamentales de la democracia y al ­derecho de la sociedad a estar informada.

Es imprescindible que el periodismo mantenga su independencia frente a presiones políticas, económicas o sociales, para evitar convertirse en un instrumento de manipulación o censura. La valentía para investigar, informar con rigor y enfrentar posibles represalias es lo que distingue a un periodista comprometido.

En definitiva, un periodismo ético y valiente fortalece la democracia y promueve una ciudadanía crítica y participativa. Por ello es crucial apoyar y proteger a los comunicadores que asumen esta responsabilidad, garantizando así que la verdad no sea silenciada ni manipulada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *