9 Abr 2026, Jue

ORIENTACION COMUNITARIA EDITORIAL DEL DOCTOR MENDOZA

Hay mujeres y hombres seductores


Con motivo de mi último artículo publicado en este diario LA INFORMACIÓN el lunes 2 de marzo,  intitulado “Señores, todos nos ­enamoramos con el cerebro”, el lector Jacobo H. del Villar T., me envió vía correo electrónico esta pregunta: “Doctor Mendoza, ¿Por qué en su artículo de ayer lunes usted al final aconseja a las mujeres cuidarse de hombres que no son mentalmente sanos como si solo los hombres y ninguna mujer fuera mentalmente enfer­ma?” 

Amable lector: En abril del año 2000, publiqué en este mismo diario, un artículo con el título “A menudo, los hombres seductores no amagan….. pegan”, y en el mismo dije que de los 9 tipos de hombres seductores que se reconocen en la psicología del enamoramiento heterosexual humano, hay dos tipos de los cuales las mujeres deben cuidarse: 1) los libertinos y 2) los “dandy”, aunque también los hombres deberían cuidarse, porque existen, aunque mucho menos, mujeres seductoras, libertinas y dandis. 

Estas mujeres dandis son verdaderas hembrotas cuyos cuerpos, bustos y piernas, porte y estilo estremecen a cualquier hombre sea éste buenmozo, un ‘más o menos’ o feo, rico o chiripero, líder político o simple votante. 

Su vestuario es abundante, modernísimo y a menudo tanto su vestido como su comportamiento social son excesivamente llamativos o extravagantes. Y los hombres “dandis” visten costosamente  y según su consejero de imagen, destacan por su elegancia física, fácil comunicación, tienden a gratificar a quienes los murmuran positivamente, gastan la plata sin quejarse, son asiduos invitados de la televisión “light” y su conversación es ágil aunque habla ‘a pata rajada’, es decir, su vocabulario carece de los recursos conver­sacionales comúnmente usados por personas media­namente educadas). 

No es extraño que una mujer se sienta fuertemente atraída por el seductor libertino porque este tiene un estilo, un “flow” muy propio y estilizado para acercarse a las mujeres. Ese estilo o “flow” consiste en hacerle creer que ellas son ADORABLES y que él constituye la “ilusión” que ellas alguna vez tuvieron de encontrarse con el hombre que soñaron. O que él es el deseado por todas las mujeres.

El libertino es experto en el arte de causar una buenísima impresión en la mujer, pero al mismo tiempo no es confiable para esta porque también es experto en dominar la voluntad de ella. Como ellos tienen un lenguaje bastante fluido, cualquier mujer a la que se acerquen puede caer bajo el influjo de una de sus triquiñuelas psicológicas con las que podría ­llevarla a una aventura, a un excitante encuentro en el que puede pasar algo muy divertido para él y talvez para ella, pero que lleva el riesgo para ella de haberse topado con alguien dominante, controlador y violento. 

Es común que muchas mujeres queden atrapadas en la red del seductor libertino porque esta clase de seductor se disfraza de número cero (0) y no son pocas las mujeres jóvenes y otras no tan jóvenes, que creen que un hombre “cero” debe ser lo mejor que existe puesto que el cero “no es” un número, no es una cifra, porque no contiene ‘cantidad’. Pero se equivocan porque aunque el cero es el más joven de todos los números porque se descubrió hace poco (a principios del siglo VII en la India y no tiene ‘cantidad’), lo cierto es que es un número igual a los otros. No tiene ‘cantidad’ pero sí tiene una ‘posición’ válida y por eso no es un número que solo “huele”. 

Una razón de peso por la cual muchas de nuestras mujeres caen asesinadas o cruelmente apuñaladas por sus maridos o exmaridos o novios, es aquella relacionada con el desconocimiento por parte de la mujer de una debilidad propia de su género: la debilidad femenina es la PALABRA. De aquí que se equivocan con mucho mayor frecuencia que los ­hombres cuya debilidad es lo VISUAL.

El discurso verbal, la “muela”, las palabras “amables” pero fingidas, el destaque de lo bello o atractivo de una mujer pero dicho mediante el uso de alguna triquiñuela semántica por parte de un seductor libertino o dandis, es capaz de persuadirla hasta un punto en que ella podría creer que no puede haber manipulación ni la remota intención de parte de ese hombre que “le ha abierto su corazón de par en par” para que ella entre cargada de amor por él. Pero se equivoca.

Como no es casual que una mujer se enamore de un seductor ladino, siniestro y obsesivo enceguecida por su PALABRERIA, por su “MUELA”, pues ella debe  ser cauta y jamás asumir la arriesgada decisión de oír su ‘verbosidad’.  

Claro, amigo lector, a veces un hombre se enamora de una mujer libertina y volátil y luego de tener los hijos es cuando descubre que esa mujer lo considera culpable de todos los males que han azotado a las mujeres y que ella fue elegida para vengarse por todas las sufridas y afligidas. Ese marido quedará expuesto a celos injustificados o verificables y a la volatilidad de una mujer que parece encantadora dada su esbeltez pero cuyo comportamiento como pareja es insoportable.

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