21 Feb 2026, Sáb
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José Lois Malkun

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09/02/2026 00:00|Actualizado a 09/02/2026 00:00

Irán no es Venezuela. Es una gran potencia regional a la que sus grandes reservas de hidrocarburos (cuartas reservas de petróleo y primeras de gas a nivel mundial) le confieren una situación de superpotencia energética a pesar de que el país vive una profunda crisis económica por un estado adicto al terrorismo, la represión y a la guerra para destruir a Israel.

Recientemente los Estados miembros de la Unión Europea designaron a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán como “organización terrorista” por sus actos de genocidio contra la población y su apoyo a grupos terroristas como Hamas, ISIS y Hezbolá.

Su población de 93 millones, viviendo en 1.6 millones de kilómetros cuadrados, tiene fronteras terrestres con siete países: al norte con Armenia, Azerbaiyán y Turkmenistán (además del Mar Caspio); al oeste con Turquía e Irak; y al este con Afganistán y Pakistán, sumando también costas marítimas en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.

Además, controla el Estrecho de Ormuz, una vital y angosta vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Océano Índico, crucial para el comercio mundial de petróleo y gas natural, por donde transita alrededor del 20% del petróleo líquido y el 25% del GNL, siendo Irán y Omán sus orillas. Su cierre potencial desataría una crisis energética y económica global 10 veces mayor al impacto de la invasión rusa a Ucrania, comenzando con los precios del petróleo que podrían superar los 200 dólares el barril.

Su arsenal de armas incluye misiles balísticos y de crucero, hipersónicos como el Fattah-1, y una gran capacidad de drones (UAVs), además de operar tanques modernizados como el T-72 y contar con una marina con submarinos y lanchas rápidas, aunque su fuerza aérea es más antigua y limitada por las sanciones. Sin embargo, sus eficientes drones mortales recorren miles de kilómetros hasta sus objetivos causando gran destrucción.

La invasión de Rusia a Ucrania afectó a un aliado europeo, pero un ataque a Irán por parte de Estados Unidos involucra a China y a Rusia, que tomaran represalias en otras partes del mundo.

El presidente Trump debe pensar muy bien su decisión sobre atacar a Irán y las graves consecuencias que eso tendrá para el mundo y el propio Estados Unidos.

Ojalá que el pueblo iraní continúe su lucha para derrocar al régimen represivo del Ayatola Jomeini, un fanático terrorista que no vacilaría en usar armas nucleares contra sus enemigos si dispone de ellas, que es muy probable.

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