- Redacción | 12:00 AM
La salida de la República Dominicana del Mapa del Hambre de la FAO constituye un motivo de satisfacción nacional. Durante su intervención en Roma, el presidente Luis Abinader destacó este resultado entre los logros que mayor orgullo le producen de su gestión. Más allá de su significado estadístico, el avance invita a reflexionar sobre una dimensión esencial del desarrollo: la capacidad de una sociedad para garantizar que sus ciudadanos dispongan de alimentos suficientes y nutritivos para vivir con dignidad.
Las cifras oficiales ilustran la magnitud del progreso. La prevalencia de la subalimentación descendió del 21.3 % en 2006 a menos del 2.5 % en 2025, mientras la producción nacional abastece más del 85 % de la demanda de alimentos. Estos resultados reflejan el esfuerzo de los productores agropecuarios, el crecimiento de la actividad económica y las políticas públicas orientadas a mejorar la disponibilidad de alimentos y el acceso de las familias a los productos básicos.
Programas como la alimentación escolar, los subsidios sociales, los comedores económicos y los mercados de productores contribuyen a proteger a los hogares de menores ingresos. Su continuidad, junto con el fortalecimiento de la producción agrícola y pecuaria, resulta fundamental para consolidar un sistema alimentario capaz de responder a las necesidades nacionales y reducir la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones de los mercados internacionales.
Sin embargo, salir del Mapa del Hambre no significa haber resuelto todos los problemas relacionados con la alimentación. Persisten desafíos vinculados con el costo de los alimentos nutritivos, la calidad de la dieta y la protección de la producción agropecuaria frente a las sequías y otros fenómenos climáticos. La seguridad alimentaria exige, por tanto, una visión integral que considere tanto la disponibilidad de productos como las condiciones económicas de las familias para adquirirlos.
Enfrentar estos retos requiere la cooperación del Gobierno, los productores, el sector privado y la sociedad civil. También demanda instituciones sólidas, políticas públicas eficaces y una planificación de largo plazo que permita preservar los avances, corregir las dificultades pendientes y proteger a los sectores más vulnerables.
Para La Información, el valor de este logro reside, sobre todo, en su significado humano. La alimentación adecuada es indispensable para la salud, el aprendizaje, el trabajo y el desarrollo pleno de las personas. Por ello, el progreso alcanzado debe servir de fundamento para nuevas acciones que amplíen las oportunidades y contribuyan a mejorar la calidad de vida de la población.
Haber reducido la subalimentación representa un avance importante; impedir que el hambre vuelva a amenazar a las familias dominicanas constituye una responsabilidad permanente. La verdadera medida del desarrollo está en transformar los resultados económicos y sociales en bienestar duradero, con la dignidad humana como principio y las generaciones presentes y futuras como horizonte.

