República Dominicana tiene una responsabilidad especial frente a los riesgos sísmicos. Nuestra ubicación geográfica nos coloca en una región donde la actividad sísmica forma parte de la realidad natural, por lo que la prevención debe ocupar un lugar permanente en las políticas públicas y en la formación de la ciudadanía.
El Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto que se realizará hoy martes 8 de septiembre constituye una iniciativa necesaria. A las 10:00 de la mañana, instituciones públicas y privadas, centros educativos, organizaciones sociales y familias participarán en un ejercicio destinado a evaluar la capacidad de respuesta ante una eventual emergencia.
Estos ejercicios tienen un valor que trasciende el momento en que se realizan. Permiten conocer las rutas de evacuación, identificar dificultades, fortalecer la coordinación institucional y, sobre todo, enseñar a las personas cómo actuar con serenidad ante una situación que puede generar confusión.
Sin embargo, la prevención no debería depender únicamente de simulacros periódicos. Es necesario avanzar hacia una verdadera cultura de educación sísmica en el país.
Las escuelas constituyen el espacio privilegiado para comenzar esa tarea. Los estudiantes deben conocer, desde edades tempranas y de manera adecuada a cada nivel educativo, qué es un terremoto, por qué ocurre, cuáles son las principales medidas de protección y cómo deben comportarse durante y después de un movimiento telúrico. No se trata de generar temor, sino de sustituir el miedo y la improvisación por conocimiento y preparación.
Por ello, sería conveniente que el sistema educativo dominicano incorpore, dentro de las asignaturas o contenidos relacionados con ciencias naturales, ciudadanía, gestión de riesgos o educación ambiental, nociones básicas y permanentes sobre prevención sísmica. La educación debe preparar también para proteger la vida.
Esta formación debería extenderse a docentes, personal administrativo, familias y comunidades. Una escuela que conoce sus protocolos de emergencia puede convertirse, además, en un centro de orientación para su entorno.
El Estado ha dado pasos importantes mediante los simulacros y las acciones de preparación institucional. El Ministerio de Educación, por ejemplo, ha anunciado la participación de todos los centros educativos públicos en la jornada de hoy y ha señalado la importancia de fortalecer la cultura de prevención y gestión del riesgo.
El desafío consiste ahora en convertir esas iniciativas en una política educativa permanente. Prepararse no significa vivir con temor. Significa comprender nuestra realidad, asumir responsabilidades y adquirir conocimientos que pueden hacer la diferencia cuando más se necesitan. La prevención comienza mucho antes de una emergencia.
Una sociedad educada para responder ante los riesgos es, también, una sociedad que protege mejor la vida.

