
- Miuris (Nurys) Rivas | martes, 19 mayo 2026
En abril de 1995, la primavera vistió sus más vibrantes colores para recibir a un nuevo director de La Información, que marcaría con su educación, cultura y sugestiva personalidad a la Ciudad Corazón.
Se trata de un verdadero intelectual, dotado además de un carisma que de inmediato le sumó simpatía y afecto en todos los sectores.
El doctor Fernando Pérez Memén fue a partir de entonces, un serie 23 adoptado y adaptado a costumbres y cultura de nuestro Santiago, dentro de sus labores ejerció, además, como catedrático universitario.
Si fuera a acreditar su membresía y filiación en cada una de las instituciones culturales y educativas en que participaba, tendría que romper la regla de las 450 palabras correspondientes a cada artículo.
Tampoco sería necesario, ya que el doctor Pérez Memén sembró tan grandes afectos, que todo Santiago lo conoce, evocamos sus triunfos, la publicación de sus obras, importante patrimonio histórico cultural que servirá de apoyo a generaciones futuras para identificar cada tema, que apegado siempre a la verdad histórica y con absoluta certeza comparte.
Sus manos, además del Caonabo de oro, se han extendido para recibir otras valiosas preseas que lo colocan a la altura de una de las más premiadas figuras dominicanas de la educación, cultura y diplomacia.
En los albores del año 2009, Santiago en varias ocasiones, se vistió de gala y por qué no decirlo, también de un sentimiento de angustia, ya que a pesar de tratarse de un nuevo lauro para el doctor Pérez Memén, su designación como embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana en México, dejaba a Santiago huérfano de su presencia.
A partir de entonces, el doctor Pérez Memén, dueño del afecto de un público en el que llegó a ser la figura principal en tertulias, encuentros culturales y sociales, empezó a ser objeto de reuniones con el fin de rendir homenaje al destacado hombre de letras, que partía a incursionar en la diplomacia.
Marchaba a México, dejando los corazones de sus múltiples amistades afligidos, a semejanza de los antiguos conquistadores que partían de nuestra isla a colonizar otras tierras. Fernando Pérez Memén marchó a tierra azteca para sembrar allí la huella de nuestro país y recoger como fruto de su labor, el “Águila Azteca”, mayor distinción otorgada por el gobierno de ese país.
También en México y luego en El Salvador, el doctor Pérez Memén dejó en alto su nombre y el nuestro.
Espontánea y franca como soy y a pesar de la recomendación de un viejo amigo, de “poner freno a la pasión”, comparto estas palabras sencillas y sinceras, como testimonio de afecto y gratitud a Fernando Pérez Memén, por brindarme su amistad y haberme incluido sin conocerme, hace 27 años, como articulista de La Información, amistad que me enorgullece.

